Café literario Or Hajayim: Palabras que construyen comunidad.

Por: Luz María Velázquez, Maestra de Primaria del Colegio Or Hajayim

Hay espacios que nacen como una iniciativa más dentro de la vida escolar, y hay otros que, casi sin darse cuenta, comienzan a transformarlo todo. El café literario para maestros pertenece a esta segunda categoría. Lo que inició como un encuentro alrededor de los libros se ha ido convirtiendo, sesión tras sesión, en un refugio de palabras, emociones y encuentros profundamente humanos dentro de Or Hajayim.

Cada reunión tiene algo de ritual: llegar, saludar, tomar asiento, reconocer las miradas conocidas —y a veces nuevas— y saber que todos compartimos un mismo punto de partida: una lectura que ya nos atravesó de manera distinta a cada uno. No llegamos a “analizar” un texto únicamente; llegamos con preguntas, con ecos personales, con fragmentos que nos acompañaron días antes. Y entonces, poco a poco, la conversación se abre.

Las lecturas han sido diversas: algunas nos invitan a mirar nuestra práctica docente, otras nos conectan con la educación y los valores de la comunidad y su profundidad histórica y ética, y algunas, como “Éxodo”, nos confrontan con emociones intensas, con la memoria, con la identidad. Hay textos que se comentan y otros que se sienten. Este ha sido, sin duda, uno de ellos. En ese espacio compartido, algo empieza a cambiar. Lo que podría quedarse en una discusión académica se transforma en algo mucho más íntimo.

Las palabras dejan de ser solo ideas y se convierten en puentes. Una de las voces del grupo lo expresa así:

“El café literario se ha convertido en una experiencia enriquecedora que me ha permitido fortalecer continuamente mi gusto por la lectura; compartir y dialogar a partir de diversas lecturas. Este espacio nutre el intercambio de perspectivas sobre la forma de abordar la literatura, los temas propuestos e incluso la vida misma, haciendo de cada sesión una oportunidad de crecimiento personal y profesional.” Mayela Gutierrez

A esta experiencia se suma la mirada de otro participante, que pone en palabras algo que muchos sienten, pero pocas veces se dice en voz alta:

“En el café literario he encontrado un espacio donde puedo detenerme y realmente escuchar. No solo a los textos, sino a mis compañeros. Cada sesión me deja pensando más allá del aula, cuestionando mi forma de enseñar y también mi forma de mirar a los demás. Es un espacio que me reta, pero también me acompaña.”

Y es que, casi sin darnos cuenta, comenzamos a compartir más que interpretaciones: compartimos experiencias, dudas, recuerdos, incluso silencios que dicen tanto como las palabras. Nos vamos conociendo de otra manera. Nos reconocemos. Y ese reconocimiento trasciende el café literario: se vuelve apoyo cotidiano, complicidad, comunidad. En ese camino, hubo una experiencia que marcó profundamente al grupo: la visita al Museo Memoria y Tolerancia. No fue solo una salida; fue una pausa necesaria para mirar de frente la historia, para conectar con aquello que muchas veces enseñamos, pero no siempre sentimos en toda su dimensión. Caminar por sus salas fue, para muchos, un ejercicio de memoria y empatía. Un momento para comprender, desde un lugar más sensible, el pasado que forma parte de la identidad de nuestros alumnos y de la comunidad.

Como lo expresa otro testimonio: “Visitar el Museo de Memoria y Tolerancia deja una impresión profunda y transformadora, al permitir comprender con mayor sensibilidad el pasado histórico y cultural de mis alumnos y la comunidad, a través de hechos como el Holocausto. Esta experiencia nos invita a reflexionar sobre la importancia de educar en valores como el respeto, la empatía y la inclusión dentro del aula.”

Pero hubo un espacio en particular que dejó una huella difícil de nombrar. La sala Infancias en Silencio detuvo el paso, bajó la voz, y obligó a mirar desde otro lugar: “En particular, la sala Infancias en Silencio impacta de manera significativa, ya que visibiliza las vivencias de niñas y niños en contextos de violencia y discriminación, recordándonos el papel fundamental que tiene la educación en la construcción de una sociedad más consciente, justa y humana.” M. Gutiérrez.

Después de esa visita, las conversaciones ya no fueron las mismas. Algo se había movido, algo nos había impactado. Las lecturas adquirieron nuevas capas de significado, y el aula, inevitablemente, también. Hoy, el café literario es mucho más que un proyecto. Es un espacio vivo que se construye con cada voz, con cada historia compartida, con cada emoción que encuentra un lugar seguro para expresarse. No importa que algunos participantes cambien; hay una esencia que permanece: el deseo de encontrarse, de aprender juntos, de crecer no solo como docentes, sino como personas.

“Una forma de sentir, vivir y definitivamente reflexionar…, complementarlo con la visita guiada al museo de Memoria y tolerancia, sin duda alguna, la experiencia de visitar sus salas te adentra a un mundo nuevo, un mundo en caos pero al mismo tiempo un mundo con un mensaje de amor. Desde la humildad se agradece la oportunidad que tuve por visitar este museo, que fue una gran y enriquecedora experiencia, agradecida siempre.” Magaly Pineda

Porque al final, entre libros, café y palabras, lo que realmente se está construyendo es algo más profundo: una comunidad que se escucha, que se sostiene y que, desde ahí, educa de una manera más consciente, más empática y profundamente humana.

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