Por: Pilar Leal Fernández, Directora de Secundaria y Preparatoria sección mujeres, Estudios seculares, Yeshivat Emuná
¿A quién no le ha pasado que descubre algo que le apasiona casi por casualidad? A veces basta una conversación, una experiencia o la oportunidad de acercarnos a algo que nunca habíamos considerado para despertar un interés nuevo. ¿No debería la escuela ofrecer también esas oportunidades?
Quienes nos dedicamos a la educación sabemos que enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos y acompañar a nuestros alumnos en el aprendizaje de las materias del programa. También necesitamos escuchar qué les preocupa, qué preguntas se hacen y qué sienten que necesitan aprender. Porque, reconozcámoslo, muchos jóvenes perciben cierta distancia entre lo que estudian en la escuela y el mundo en el que viven. Buscan aprendizajes más concretos, herramientas útiles para el día a día y conocimientos que les ayuden a comprender y afrontar situaciones reales. ¿Cómo podemos responder a esa necesidad sin renunciar a la formación académica, pero tendiendo puentes entre lo que enseñamos en el aula y la vida que sucede fuera de ella?
Yom Limud Emuná nació precisamente de esa inquietud. La propuesta de uno de nuestros alumnos, Freddy Smeke, nos dio la oportunidad de convertir esa necesidad en una experiencia concreta. El pasado 6 de octubre, las alumnas y los alumnos de CCH de Yeshivat Emuná participaron en esta primera jornada, organizada por el área de Estudios Seculares con la colaboración de Vaad Hajinuj. Queríamos ofrecerles un día diferente, en el que pudieran acercarse a temas y experiencias que habitualmente no forman parte de sus asignaturas, pero que tienen mucho que ver con el mundo en el que viven y con las herramientas que necesitan para desenvolverse en él.
Aprender a tomar decisiones financieras, transformar una idea en un negocio o desarrollar habilidades de liderazgo son formas de prepararse para los retos de la vida adulta. Saber cómo actuar ante una emergencia, manejar el estrés o explorar la moda y la fotografía nos permite adquirir herramientas prácticas, descubrir intereses y desarrollar nuevas formas de expresión. Comprender el antisemitismo y las narrativas que lo sostienen, así como aprender a contar historias, nos invita a mirar críticamente los discursos que circulan a nuestro alrededor y a reflexionar sobre el poder de las palabras. Son aprendizajes distintos, pero tienen algo en común: conectan el conocimiento con situaciones reales y nos ayudan a comprender mejor el mundo. No se trata de restar importancia a las materias académicas, sino de complementarlas y enriquecerlas, tendiendo puentes entre lo que aprendemos en el aula y lo que necesitamos para desenvolvernos fuera de ella.
La respuesta de nuestros alumnos nos alegró especialmente. Destacaron la utilidad de los talleres y la posibilidad de llevarse herramientas para su vida cotidiana. Algunos incluso comenzaron a preguntar cuándo sería la siguiente edición y propusieron nuevos temas. Nos gustó comprobar que querían más. Por eso, nos gustaría que Yom Limud Emuná fuera el comienzo de algo que crezca con ellos y con sus inquietudes. No pretendemos anticipar cuál será el camino de cada estudiante, pero sí podemos intentar ofrecerle oportunidades para descubrir posibilidades que quizá todavía no imagina.
Proyectos como este también nos recuerdan cuánto podemos lograr cuando sumamos esfuerzos. La labor del Vaad Hajinuj, al impulsar y fortalecer la educación de nuestra comunidad, permite que las inquietudes que surgen en una escuela encuentren eco y se conviertan en proyectos concretos. Este es un ejemplo de lo que podemos construir juntos cuando compartimos el deseo de enriquecer la formación de nuestros jóvenes.
Pero esta experiencia también nos deja preguntas a quienes educamos. Si el mundo cambia, ¿no tendremos que aprender nosotros a mirar la educación con otros ojos? ¿A atrevernos a salir de lo conocido, probar nuevas formas de enseñar y reconocer que no todo lo valioso que se aprende cabe en una asignatura o en un programa? Quizá uno de nuestros mayores retos sea precisamente ese: mantener la curiosidad, no tener miedo al cambio y estar dispuestos a aprender junto con nuestros alumnos. Yom Limud Emuná nos ha recordado que, a veces, basta con abrir una puerta para descubrir todo lo que hay al otro lado.
¿Qué otras puertas podemos abrir desde la escuela para que nuestros jóvenes descubran caminos que todavía no imaginan?